Montapuercos y Valkiria en el Clash Royale

Cuando de un día para otro me enteré de que mi jefe dejaba la empresa, no di crédito.

Aparte de la gran sorpresa, me fastidió bastante quedarme sin trabajo, porque me pagaban muy bien y mis funciones eran fáciles y cómodas.

Y el caso es que Andrés, mi jefe, no sólo decidió dejar repentinamente su despacho, sino que también abandonó a su esposa y sus dos hijos y se marchó a vivir fuera.

Andrés era el tipo más tranquilo del mundo y más enfrascado con su trabajo que yo había conocido, así que no podía imaginarme (ni yo ni nadie) qué había pasado por su cabeza para sin previo aviso, actuar así.

Muchas fueron las especulaciones que se hicieron por mis compañeros, por sus vecinos y por el mundo de los asesores fiscales (su oficina era una conocida asesoría fiscal del pueblo).

Desde que tenía una amante o varias, hasta que estaba metido en las drogas, hasta que estaba enganchado a la pornografía en internet.

Yo no me creía ninguna de esas versiones, porque conocía a Andrés desde hacía quince años y me constaba que no era esa clase de personas.

Por un tiempo, pensé que había sido captado por alguna secta destructiva, y no porque él fuera un hombre débil ni fácil de manipular, sino porque estaba en una época crítica de su vida, agobiado por problemas financieros y personales. Andaba por esa época muy cansado y se le veía desmejorar día a día. Incluso estaba perdiendo peso a pasos agigantados.

Cuando ya me había casi olvidado de su historia, dos años después, estando yo ya como personal fijo en mi nueva empresa de asesores tributarios, de pronto, recibí una llamada de Andrés.

Quería tomarse un café conmigo. Me explicó que había vuelto a España y que le apetecía visitar a algunos amigos.

Nada más verle en el Café Valencia, me quedé sorprendido. Andrés parecía diez años más joven, estaba muy moreno y sonreía con ese brillo que sólo la buena vida concede a las personas felices.

Le di mis más sinceras felicitaciones y después de hablar de cosas triviales, no pude evitar preguntarle que por qué se había marchado de repente.

Su historia me dejó totalmente desconcertado:

Todo empezó una noche después del trabajo. Su hijo pequeño le había pedido que le descargara un juego llamado clash royale, porque en su ordenador no podía.

Andrés lo hizo y luego lo ejecutó para comprobar si había descargado lo que quería y si funcionaba.

Nada más hacerlo, un mensaje le ordenó esperar unos minutos. Dice que de pronto oyó una pequeña explosión y salió humo de su monitor. Entonces reparó en que no estaba solo en la habitación. Miró a su derecha y encontró a un extraño personaje de videojuego materializado junto a su mesa. Andrés creyó estar soñando, pero pudo oír claramente como el  personaje le explicaba que su nombre era Montapuercos, y que tenía una misión para él.

“Andrés –le dijo- vas a dejar tu vida actual y te vas a convertir en inventor de juegos para ordenador y móvil”.

Y voilá. Así ocurrió todo. Tan sencillo como eso. Al igual que Montapuercos armado con su gran martillo, Andrés se echó a la calle armado con su gran pasión, y decidió cambiar de vida, irse a vivir a Miami y convertirse en un inventor de juegos.

Lo consiguió en poco tiempo y ahora vive en un gran chalet a pie de playa y no sabe qué hacer con tanto dinero que gana en su nuevo y divertido trabajo.

Yo voy ahora mismo a descargar clash royale hack, a ver si me aprendo todos los trucos y el día menos pensado se me presenta Valquiria y me encarga alguna misión por el estilo. Además, es que Valquiria es una pelirroja guapísima y me gustaría, de paso, invitarla a un café.